¡Los perros sonríen!

Para aquéllos que no lo sepan, los perros lloran y sonríen; en realidad, todos los animales lo hacen, nos dice Rebeca. Y por si alguien tiene dudas, os dejamos el antes y el después de Woody: cuando era el último perro del último chenil de ANAA, el feúcho, el que nadie mira dos veces, y que ahora se pasa el día en una permanente sonrisa. Woody y Rebeca se encontraron por casualidad hace ya nueve meses, y en este tiempo los dos han aprendido muchas cosas. Rebeca, que hay que hacer caso al corazón, y Woody, que no todo el mundo es malo. Y, por supuesto, a sonreir.

 

Seguid leyendo, compañeros: tenemos a Rebeca en directo!

En Junio de 2007 me hice voluntaria de ANAA (Asociación Animal Amigos de los Animales). Aquello estaba lleno de perros (y gatos, por supuesto) Unos más alegres y sociables, otros con mucho miedo…

Y además, Woody.

Un día bañamos a la maravillosa Estre y al llevarla a su jaula, le vi en un rincón. Ese perro grande, de pelo blanco sucio, con pequeñas manchitas canela, con rabo y orejas cortadas, con más miedo que timidez y con ladrido potente me llegó dentro. No destacaba por su gran belleza ni por su simpatía, pero mes a mes se convirtió para mí en el animal más hermoso, agradecido e importante del centro.

Le miraba a los ojos una y otra vez, tratando de averiguar su vida anterior y solo veía tristeza y miedo. Y sin darme cuenta me conquistó…

Los que me conocen saben que todo lo he conseguido a fuerza de persistir y la idea de llevarle a casa se apoderó de mí. Era algo complicado por varios motivos. Y ahora, ya veis. Le miro mientras duerme en un rincón de mi casa.

En estos 9 meses ha aprendido muchas cosas y me ha enseñado mucho más. Confía plenamente en mí y adora a Pixel, el enano que tenía antes que él. Es su cómplice de travesuras y se dan compañía cuando estoy trabajando.

En la calle tiene muchos miedos, pero yo siempre estoy a su lado. Además, cualquier esfuerzo está recompensado al verle correr en el campo. ¡Es emocionante! Corre sin parar, excepto para apoyar sus patas en mi pecho y darme unos lametazos. En esos momentos es completamente feliz, por eso sonríe. Porque para aquellos que no lo sepan, los perros lloran y sonríen. En realidad, todos los animales lo hacen.

Ojalá llegue un día en que ningún ruido le asuste y que camine tranquilo por la calle. Mientras tanto, seguiré ahí, demostrándole que no todas las personas son malas y dándole el cariño que no ha tenido en sus más de cuatro años de vida.

Así fue como Woody llegó a mi vida y a la de Pixel. Gracias por elegirme.

Y gracias a ti Rebeca, por compartir tu historia!





¿Tienes una historia que contar? Envíanosla a escribe@maskotasdelbarrio.com

10 comentarios para “¡Los perros sonríen!”

Deja un comentario