Calle de Canelo

Este es Canelo, un ser excepcional. Su dueño, enfermo del riñón, estaba en diálisis, y todos los días Canelo le acompañaba y le esperaba a la puerta. Hasta que un día no salió. Canelo se negó a moverse de allí, y allí vivió esperando, a la puerta del hospital, durante nada menos que doce años. El perro Canelo ha sido toda una institución en Cádiz, y Cádiz ha demostrado que sus ciudadanos también saben ser fieles. Quizás no tanto como Canelo, pero casi. Hace justo seis años que Canelo se fue con su dueño, pero nadie le ha olvidado, hasta el punto de que Cádiz le ha dedicado la calle en que vivió.

Seguid leyendo: es una de esas historias que vale la pena conocer.

Canelo era, para su dueño, compañía y aliento, y cuando enfermó y se vio sometido a diálisis diaria, el perro Canelo le acompañaba hasta la puerta del gaditano Hospital Puerta del Mar, alias “La Residencia”. Espérame aquí, chaval; y Canelo esperaba, matando las largas horas de la diálisis a base de pensar en el momento en que se abriría la puerta y Dueño saldría por ella. Pero un mal día Dueño no salió: su vida se enganchó entre tubos y agujas, y hubo de quedarse ingresado.

Durante varias semanas, Canelo esperó y esperó. Las enfermeras amigas le traían noticias del amo, recuerdos y besitos, además de comida. Le prepararon una cama de cartones a cubierto, adivinando que el perro no iba a marcharse. Pero Dueño murió, y Canelo, ay, se negó a entenderlo. Y decidió que allí se quedaba. Y se quedó.

Intentaron buscarle un hogar, pero fue en vano. El perro Canelo no quiso más hogar que aquel que le hacía sentirse a un paso de su dueño. Los laceros de la perrera municipal cogieron un día a Canelo, porque hubo uno que lo denunció, diciendo que había atacado a su perro. Se movieron los trabajadores de la Residencia y los amantes de los animales y pidieron el indulto de Canelo como los pañuelos blancos de una plaza reclaman la vida de un animal bravo y noble. Los vecinos de la Avenida le adoptaron colectivamente, y Canelo fue el perro de todos. Nunca le faltó comida, ni agua, ni una mantita en invierno, ni las caricias que no podía ya prodigarle el amo, ni una palabra de aliento. El pueblo gaditano aceptó chucho (como animal de compañía), y hasta consiguió que el teniente de alcalde de Sanidad, José Blas Fernández, firmara un decreto perdonándole la vida.

AGADEN se encargó del tema sanitario, y Canelo era un perro sano, vacunado y con todos los papeles en regla. Y durante doce años, doce, vagabundeó por los alrededores del hospital haciendo de su callejón su reino, a la espera siempre, con la seguridad absoluta de que su dueño no le había abandonado. Doce años, hasta el mal día en que se dejó el pellejo debajo de las ruedas de un coche, o, quién sabe, pensó “mucho está tardando este, me voy a ver si lo encuentro”.

Cádiz rinde así homenaje a este perro valiente y leal y le ha dedicado el callejón en que pasó su vida. Por lo menos, que nadie olvide que la lealtad y la fidelidad existen.

7 comentarios para “Calle de Canelo”

  • gabriela:

    Me gustan mucho los animales, los que he tenido y tengo son siempre adoptados, y ésta historia además de conmovedora, no es extraña, hay muchos perros que demuesran su fidelidad y cariño constantemente, quizá no con actitudes tan evidentes y entregadas como la de Canelo, un perro excepcional, digno de respeto y consideración por todos menos por el que creyo que su coche y su tiempo valían más que una vida tan noble, estos perros callejeros si pudieran contar sus historias…detrás habría razones involuntarias como en este caso; pero seguramente muchos bípedos sin alma responsables de haberlos llevado a esa situación.

  • Jesús Graciá:

    Maravilloso y conmovedor ejemplo de amor, muy parecido al del perro japonés Hachi, sobre el que se hizo un film en Japón en los ochenta y ahora un remake americano, ambos extraordinarios.

  • leo esta historia y se me forma un nudo en la garganta. y mas al pensar en todas aquellas personas que maltratan a los perros…

  • un nudo en la garganta al leer esta historia. barbaro

  • [...] “Canelo“. A finales de la década de los 80, era común ver a un hombre caminando acompañado de su perro, de nombre “Canelo”, en la ciudad de Cadiz, España. [...]

  • Candy:

    La verdad a mi siempre se me hace un nudo en la garganta cuando leo la historia de perros que con el paso del tiempo se convierte en heroes como Hachiko un perro de japòn y luego canelo, para mi punto de vista porque Dios no recoge pronto a esos animalitos cuando su amo fallece, porque vivir tantos años. Como persona siento que extrañan mucho a su amor y con esos valores de lealtad please ya no al maltrato animal

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