Pues para ser el perro más feo del mundo no está nada mal

Con esos ojazos que parece el malo de una película de chinos y esos adorables dientecillos, por no hablar de las uñas que se le disparan en todas direcciones sin orden ni concierto, Pabst, una mezcla de boxer de cuatro añitos, se ha hecho con el galardón genérico de la fealdad canina de este año 2010.

Seguid leyendo… que no muerde… y los feos estamos de enhorabuena!

Pabst tiene unos dientes que sobresalen a la vez que asustan, una cicatriz en la barriga y unas uñas que crecen para todos lados, además de un carácter sumamente encantador y adorable con niños y personas. La naturaleza le hizo digno de acompañar a Predator en sus aventuras, así que, harto de que nadie le dijera lo de “qué perro más mono”, su dueño lo presentó en la vigésimo primera edición de la Competición Anual del Perro Más Feo, en Petaluma, California (EEUU). Y ganó.

Más feo era su antecesor Gus, fallecido a consecuencia de un cáncer y cuya dueña lo presentó al concurso para ganar un dinerillo con que afrontar las tremendas sesiones de quimio.

El otro galardón, el de perro más feo con pedigree, de pura raza, fue a parar a esta perrita de Tennessee, Miss Ellie, una encantadora abuelilla de 15 años, a quien la naturaleza dotó de un increíble tupé, unos ojitos como platos (literalmente) y varios cientos de lunares y granitos que adornan su cuerpo lampiño:

Lo dicho… ¡no hay perro feo!

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